Vivimos en un mundo cada vez más dinámico. El principal culpable de este dinamismo es el continuo avance tecnológico al que nos vemos sometidos en esta era en la que internet se ha convertido en algo completamente indispensable para que un negocio consiga la rentabilidad necesaria y prospere.

Las nuevas tecnologías cambian a menudo las reglas del juego empresarial, por lo que es de vital importancia que empresas líderes en su sector como Apple, Facebook, PayPal o PokerStars introduzcan los cambios necesarios en su estructura a fin de que sus usuarios puedan disfrutar de unos servicios acordes a los tiempos que corren. Esto es especialmente importante en el caso de los dos últimos por su ámbito de actuación, ya que a pesar de que ambos cuentan con potentes sistemas de seguridad que garantizan la privacidad de los usuarios durante su ejecución, el constante avance de los sistemas informáticos obliga a que la adaptación sea más rápida.

Dos de los avances de los que más se habla últimamente, sobre todo en círculos especializados, y que muy probablemente signifiquen un antes y un después en el mundo online tal y como lo conocemos, son la tecnología blockchain y la computación cuántica. Antes de profundizar en cada uno de ellos cabe destacar que la blockchain o cadena de bloques ya es una realidad, mientras que la computación cuántica necesitará posiblemente de un par de años de desarrollo antes de ser totalmente operativa.

Es muy probable que quién esté leyendo este artículo sea un neófito a la hora de tratar estos conceptos ya que desgraciadamente la sociedad, en su concepción más general, todavía no presta la atención que debería a la tecnología. Por ello a continuación se intentará explicar de una manera sencilla y comprensible en qué consiste cada una de ellas y cómo puede influir en nuestro día a día.

La blockchain es la tecnología que se encuentra detrás de muchas de las criptomonedas existentes, siendo Bitcoin su origen además de la que más relevancia ha adquirido últimamente debido a la revalorización que ha sufrido en los últimos meses (superando con creces el valor de una onza de oro). Dicha tecnología funciona a grandes rasgos como un libro de cuentas. En este libro se registrarían todos los movimientos o transacciones de Bitcoins que se produzcan en el planeta, siendo las mismas incorruptibles e imborrables. Cada miembro de la red, es decir, de la blockchain, cuenta con una copia de dicho libro de cuentas que se actualiza automáticamente. Ésta es la explicación más básica que se puede dar de esta tecnología pero, como es lógico, aquí es donde empiezan a surgir las preguntas, siendo “¿para qué sirve?” y “¿cómo puedo fiarme?” las más comunes.

Para responderlas lo mejor será poner un ejemplo práctico. Imaginemos que en un momento determinado usamos nuestro smartphone para introducirnos en la aplicación móvil de nuestro banco con la intención de consultar nuestro saldo. Cuando lo hacemos asumimos que la información que el banco nos proporciona es correcta, pero en caso de no estar de acuerdo no tenemos nada ni nadie que verifique nuestra versión. En otras palabras, nos fiamos del banco a ciegas y en caso de no hacerlo solo nos queda la resignación o la vía judicial.  La cadena de bloques, al estar en el ordenador de todos los usuarios, nos permitiría justificar nuestro saldo sin inconveniente. Además, hay que añadir que la blockchain es una tecnología descentralizada, es decir, no depende de ningún organismo o empresa y su uso no necesita intermediarios, por lo que su coste es menor.

Para hablar de la fiabilidad es necesario introducir un concepto nuevo: prueba de trabajo o PoW (proof of work). Al ser blockchain una tecnología que desarrolla su cometido en el entorno de internet, lo más importante es la seguridad. Ésta es incorporada a la cadena gracias al poder computacional empleado para la desencriptación de Bitcoins, un proceso llamado comúnmente “minar Bitcoins”. Cada cierto tiempo es lanzado a la red un problema matemático que requiere un número muy grande de cálculos para su resolución (a esto se le llama “bloque”). Miles de ordenadores en el mundo, de forma conjunta o individual, usan su poder computacional para resolverlo y así conseguir la recompensa, que no es otra que Bitcoins. Este poder computacional es el que se “añade” a la cadena de bloques aumentando de este modo su seguridad.

Dejando atrás la tecnología blockchain, toca hablar sobre la computación cuántica. Oír estas palabras genera en la mayoría de los mortales una cara de asombro e ignorancia a partes iguales. Sin embargo, tener una ligera idea de lo que es no requiere de ninguna habilidad especial ni conocimientos sobre física cuántica. De manera sencilla la computación cuántica es una mejora de la computación actual basada en algunas teorías físicas.

Los ordenadores actuales funcionan con bytes, que transfieren y gestionan la información con los clásicos 0 y 1. Un ordenador cuántico utilizará los cubits y gestionará la información permitiendo que tome todos los valores posibles entre 0 y 1. Esto hará que los ordenadores cuánticos sean capaces de realizar cálculos mucho más complicados y rápidos que los actuales. Parece poca cosa, pero la capacidad de afrontar estos cálculos permitirá enormes avances en ciertos campos como la astronomía, energía y criptografía. Es este último campo el que más interesa a las empresas, sobre todo a aquellas que generan un gran volumen diario de depósitos y pagos. Cuando nazcan los ordenadores cuánticos los sistemas de encriptado actuales quedarán obsoletos y por lo tanto la seguridad de las empresas quedará en entredicho. 

Sabiendo todo esto solo queda esperar y observar cómo las empresas punteras aprovechan estas tecnologías en favor de los usuarios.

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